
¿Sabía Usted que lo que pensamos conscientemente, lo que queremos y planeamos, no es más que una pequeña embarcación a la deriva en un mar que la arrastra a voluntad a través de sus poderosas corrientes?
Pensar otra cosa, o sea, creer que somos dueños de nuestro destino, no es más que un autoengaño propiciado por nuestra vanidad y algunas formas de pensamiento que no han hecho más que fomentarla.
Pensar otra cosa, o sea, creer que somos dueños de nuestro destino, no es más que un autoengaño propiciado por nuestra vanidad y algunas formas de pensamiento que no han hecho más que fomentarla.