jueves, 16 de abril de 2015

El yo profundo


Cuando uno se fija en el "Yo como experiencia" se pone en contacto con lo que es, antes de llegar a ser el "Yo como objeto" o autoimagen, autoconcepto e historia, ese yo social con el que nos identificamos a partir de los 2 años aproximadamente.

El "Yo como experiencia"es a lo que se ha dado en llamar el recuerdo de sí. El recuerdo de un tiempo en el que se pasaba del placer al displacer pero sin lenguaje, interpretaciones ni recuerdos; cuando se era consciencia abierta al mundo, antes de formarse una identidad social, cuando aún no se había identificado el individuo o "Yo como agente" con una figura como la que ve en el espejo.

Recuerda: "No te olvides de quién eres y todo irá bien".

5 comentarios:

Anónimo dijo...

El Yo como experiencia es mucho más amplio que el recuerdo de sí. La descripción que propones tiene que ver con ello, pero bajo mi punto de vista debe crecer. Y no es anterior ni es posible hablar de ella en términos de pasado. Esto es una ilusión que el mismo lenguaje desvirtúa, lo mismo que nuestra idea y concepción mental del tiempo y el espacio. Objeto, agente y experiencia son la misma cosa, pero no la cosa en sí. El Yo como experiencia es la vivencia en presente del Yo profundo que actualiza todas sus partes y las reconoce como una Unidad. El Yo como experiencia es el presente continuo y no un recuerdo, pleroma o paraíso infantilizado. La dualidad de lenguaje nos tiende esas trampas. En todo momento somos consciencia abierta al mundo. El Yo como experiencia crea la misma experiencia y nuestros sentidos son los encargados de decodificar la realidad en esos mismos términos. A la vez que la creamos la vivimos y la vivimos de una u otra manera porque la hemos creado a partir de nuestra percepción de los fenómenos que somos capaces de observar. El yo como experiencia no es un recuerdo sino una actitud vital que nos lleva a la comprensión mental y emocional de la realidad tal cual es y no como se nos aparece.

El Yo profundo es algo real y no imaginado. Es el reconocimiento y vivencia de la totalidad en la parte que somos. Y la parte que contiene a toda la totalidad en sí sin contradicción ni paradojas.

Un fuerte abrazo

Rafael San Andrés Renedo dijo...

Efectivamente, tal y como apuntas, es el leguaje el problema principal a la hora de tratar de explicar algo que es una simple experiencia no verbal, una percepción.

Este es el gran reto de quien trata de comunicar a los demás aquello que en su intimidad ha descubierto, algo maravilloso en lo que uno puede confiar.

Y por lo que te leo, tú también has descubierto.

En realidad uno descubre algo que siempre está ahí.

La cuestión, desde la forma personal que tengo de expresarme, es dirigir el foco de atención, de forma consistente, a la atención misma.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Exactamente, hasta poder sentir en todo nuestro Cuerpo lo que el verbo roza pero no siente.

Gassho

Rafael San Andrés Renedo dijo...


Gassho

Anónimo dijo...

Un aprendiz le dijo a otro aprendiz:

_Gassho

En ese mismo momento el uno vio en el otro a su maestro.
Ambos se iluminaron y cada cual continuó haciendo su camino.

Uno de ellos le explicó esta historia a su Maestro,
el cual no había conocido personalmente.

Y entonces su Maestro sonrió y desde su propio Templo le dijo lo mismo que le respondió Gandhi a Einstein cuando le preguntó qué quería decir aquel gesto y palabra:

“Honro el lugar en ti, en el cual se encuentra todo el universo. Honro el lugar de la luz, del amor, de la verdad, de la paz y de la sabiduría que se encuentra en ti. Honro el lugar en ti, donde, cuando tu y yo estamos ahí, nosotros ambos somos solo uno."

Gassho, hermano

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