jueves, 11 de diciembre de 2014

Una reflexión sobre el mundo exterior


Conviene distinguir en nuestra mente, aquellas áreas que no puede controlar, o que ofrecen una resistencia, a las cuales llamamos el mundo exterior, de las partes más internas, las cuales son manipulables como las reacciones emocionales, el pensamiento, la fantasía, la imaginación etc. Nuestra mente también se compone de la traducción cerebral del mundo exterior y nuestras acciones sobre él, o sea, sobre la resistencia que éste nos presenta.

El mundo exterior, además de incontrolable, de forma global, es incognoscible; sin embargo nuestro pensamiento e imaginación se las arregla para interpretarlo de acuerdo, entre otras cosas, con el clima emocional imperante en nuestro interior. De ahí, por ejemplo, la tendencia a pensar mal cuando se dispone de una baja autoestima.

De los objetos externos no es que haya que desconfiar, sino que hay que aceptar que todos ellos nos abandonarán tarde o temprano. Sólo nuestra Consciencia nos acompañará hasta la muerte. Gracias a ella, o a través de ella, se puede manifestar toda la riqueza del campo de potencialidades contenido en el "Yo como agente", el cual, como ya vimos, es tan incognoscible como la síntesis del mundo exterior; sólo lo podemos conocer a través de los efectos de sus iniciativas y decisiones, elaboradas en su mayor parte de manera inconsciente, todo lo cual va marcando un destino.

La historia de nuestro organismo cuerpo-mente ("Yo como agente") se va desarrollando al margen de nuestra Consciencia. No obstante, una Consciencia espaciosa, consciente de sí misma, facilita los procesos de desarrollo propios de cada individuo ("Yo como agente").
 

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