martes, 27 de enero de 2015

Quién soy yo


                          Autorretrato de Ernst Mach

Ya va siendo hora de ir dejando de lado la teoría y centrarse en el único aspecto del yo que está vivo; la experiencia de la quietud, el espacio por donde todo lo fugaz, pasajero e ilusorio va transcurriendo continuamente; las otras perspectivas del yo son materia científica (agente) y psicológica (ego).

El despertar es simplemente un darse cuenta de la experiencia directa que uno tiene de sí mismo, ese es el yo verdadero, la consciencia, inmutable con el tiempo, capacidad para todas las percepciones, sensaciones, emociones, sentimientos; testigo del espacio, el tiempo y hasta del propio cuerpo.

El despertar no es llegar a ser un erudito, ni llegar a tener grandes dotes humanas, ni alcanzar la capacidad de obrar milagros; aquellos que disfrutan de estas cualidades pueden estar plenamente identificados con su yo como experiencia o no, pueden estar despiertos o no.

El despertar es sólo eso, saber quién eres, lo cual es una experiencia, la experiencia directa de uno mismo, del espacio, de la quietud, no un cuerpo, concepto ni imagen. No hay ninguna jerarquia de despiertos, para todo el mundo es la misma experiencia.

Una teoría del yo se puede interponer, como obstáculo, en el camino hacia el poder vivir plenamente la experiencia del yo verdadero; ese espacio por donde discurre el mundo y todos los demás yoes ilusorios con sus interminables dramas e ininterrumpida actividad para demostrar que uno es algo.

Esto es lo único realmente interesante, vivir el yo, tal y como se experimenta directamente y, para su realización, es importante  la consideración de los obstáculos o ilusiones que se oponen a ello, el ego.

Hacer consciente todos los aspectos del ego puede ser muy doloroso, especialmente cuando hay una larga historia de odio y desprecio hacia sí mismo.

Para pasar del infierno, donde se halla todo el dolor inconsciente, al cielo, debe estar uno dispuesto a pasar, conscientemente, primero por el purgatorio.

Por otra parte a la experiencia del yo, a la consciencia espaciosa que uno es, se la enriquece alimentándola con los estímulos del mundo.

Yo soy lo que da lugar, o espacio, a la experiencia de este momento.

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