miércoles, 27 de noviembre de 2013

Si soy mayor, por lo menos, libérame del Ego, Señor.


Resulta que nos empezamos a medir con el vecino desde muy temprana edad, creyendo que uno es más si, por ejemplo, mea más alto, y nos pasamos casi toda nuestra vida laboral compitiendo, mirando a ver quién "mea más alto".

Se supone que uno va haciéndose sabio con la edad, y termina por reconocer que andar esforzándose por "mear más alto" que el vecino no lleva a nada realmente importante.

Bueno, en realidad sí es importante, pero sólo relativamente; el que gana, gana en autoestima, y eso siempre contribuye a la autoconfianza. No obstante es una autoconfianza traicionera, la cual tarde o temprano tiene que enfrentarse a la muerte, bien sea ésta en forma de una gran pérdida o la muerte final.

Normalmente no se llega a alcanzar plena lucidez de consciencia (Yo como consciencia plena) hasta poco antes de morir, así que me encuentro que, entre los jubilados, todavia sigue la mayoria "orinando y orinando" con toda la fuerza de que son capaces comparándose con el de al lado (intento de reforzar el "Yo como objeto" o Ego)

"¿Cuánto le ha quedado de jubilación?"

"Y a Usted que le importa, señor mio"

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