domingo, 14 de marzo de 2010

El Sujeto



Parece ser que esto de la globalización tiene sus peligros. Si se hunde el Imperio, se va con él el resto de la Humanidad.

En fin, que estos temas ya me están saturando un poco.

Ultimamente estoy algo más transcendental y me estoy preguntando el por qué soy yo el sujeto del sufrimiento que le corresponde al cuarto hijo de mis padres.

Todos somos sujetos de un sufrimiento potencial. Ahora podemos estar felices, pero llevamos con nosotros la vulnerabilidad de sufrir un tormento el día de mañana por la causa que fuere.

Quién es éste que está dentro de mi, padeciendo las limitaciones de mi intelecto, de mis defectos, de la falta de fuerzas, de otras deficiencias enojosas, quién es éste que se pregunta por qué estoy aquí, tan expuesto a posibles sufrimientos.

Cómo es posible que la materia se haya organizado para ser consciente de sí misma y sufrir de esta manera.


No...a la consciencia no le duele nada (corrección hecha el 26-2-2016)


Cosa extraña el Universo...

20 comentarios:

Mercè dijo...

Me gustas.
Eres muy sensible.
un saludo. Mercè

FRANCISCO PARDÓ dijo...

Unas palabras que me dejaron pensando con el corazón Carlos, se nota en ti, a parte de ser muy buen escritor, que te gusta la reflexión. Un abrazo!

Mª Pilar dijo...

Yo creo, amigo, que lo que hay que hacer, es estar preparado para ese sufrimiento que inevitablemente tenemos que pasar, y así, quizás, será más llevadero.
Me has visitado en mi blog, Peluson, espero verte por alli de vez< en cuando, yo tambien vendré, me está gustando y además tengo buenos amigos en tu Ciudad.

Un saludo

Pilar

Sakkarah dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Duna dijo...

Yo pienso que no es mala cosa que podamos sentir sufrimiento, alegría, dolor, entusiamo, pena...etc.
Esto nos hace vulnerables, si, pero también sensibles.
No queremos sufrir, pero ¿qué seria de nosotros sin los sentimientos?
¿O qué sería si siempre estuviésemos eufóricos?

Me gustan tus textos.
Muchos besos Carlos.

osane dijo...

Pienso igual que Sakk, si hemos vivido momentos buenos ya somos afortunados.
Es difícil en ocasiones, pero no nos queda otra mas que aceptarnos tal y como somos con nuestros defectos y limitaciones... pero también con nuestras virtudes.
Hay tantas cosas por las que dar gracias todos los días, por poder ver el sol, por respirar, por dormir bajo un techo, por no pasar hambre, por sentir felicidad aunque sea intermitente de va y viene.
No queda otra mas que centrarse en tantas cosas buenas que nos da la vida,que aunque se terminen hemos tenido el privilegio de vivir y aceptar que la perfección no existe.
Un beso

LUNA dijo...

Puesto que lo sabemos, que por motivos propios o ajenos, por imponderables de la vida, estamos sujetos a sufrir, es condición humana, procuremos aprender los resortes para que estas situaciones sean lo menos largas posibles.
Lo justo y necesario y en las ocasiones en donde sean inevitables...

Sin embargo, aprendamos también a disfrutar el mayor tiempo posible, y con la mayor intensidad de que seamos capaces de todo lo bueno que nos proporciona la vida.
Donde si debemos emplear tiempo es en buscar en cada rincón, en cada paisaje, en cada caricia, en cada mirada, en un poema...
Buscar y rebuscar la cantidad de cotidianidades, que por esa condición, nos pasan desapercibidas, las pequeñas felicidades de cada dia...
Un beso

El Blog de Clau dijo...

Te confieso que mi óptica de lo que significa sufrimiento, está teniendo algunos cambios radicales ultimamente(sobre todo desde hace un año).
He llegado a la conclusión de que siempre podría ser peor.Método de defensa?conformismo?quien sabe?Lo real es que hay inconvenientes que se deben afrontar a lo largo de la vida,y el que me toca en este momento, creo que lo estoy enfrentando bastante bien.En cuanto al futuro, siempre recuerdo esa frase que dice "me he preocupado por tantas cosas que nunca sucedieron"
Beso
Clau

Mery Larrinua dijo...

...no sufras...sal del laberinto...
un abrazo

CORAZÓN VERDE dijo...

Carlos el sufrimiento forma parte de la naturaleza humana igual que la alegría, pero si es cierto que cuando llega sentirlo en su justa medida si eso es posible sería una solución, todo lo que rebasa esa medida rompe el equilibrio interior

Carlos Ignacio dijo...

Gracias por tus palabras, Mercè.

Un saludo

Carlos Ignacio dijo...

Un abrazo, FRANCISCO PARDÓ

Carlos Ignacio dijo...

Hola, Mª Pilar, nunca nos enseñaron en ninguna parte cómo debemos arreglarnoslas con los tipos de sufrimiento que habitualmente casi todos debemos padecer en la vida. Es curioso...

Un saludo

Carlos Ignacio dijo...

Tal vez ése sea el secreto, Sakkarah, el centrar nuestra atención en lo bueno de las experiencias que nos va trayendo la vida.

Un beso y un fuerte abrazo

Carlos Ignacio dijo...

Tienes razón, Duna, si cerramos la ventana al sufrimiento, también la cerramos a la felicidad.

La idea de estar siempre eufóricos me hace gracia. El mundo seria de risa y muy caótico. Nadie entenderia nada.

Gracias, Duna, muchos besos

Carlos Ignacio dijo...

Asi es, Osane, bendito aquel que viene a este mundo con predisposición a centrarse en lo bueno de él y lo que le da la vida.

Y si no tenemos esa suerte...tendremos que aprender a hacerlo lo mejor que podamos.

Un beso

Carlos Ignacio dijo...

Exacto, Luna, las dos cosas seria perfecto, saber cómo hacer que el sufrimiento no sea demasiado, justo lo justo, y estar abierto a las pequeñas cosas que nos pueden llenar de gozo.

Un beso

Carlos Ignacio dijo...

Bienvenida, Clau, me alegro de que estés llevando bien este periodo de transición.

Nada, nada, cualquier cosa es válida si nos sirve para dejar al dolor en su mínima expresión.

Muy buena la frase: "Me he preocupado de tantas cosas que nunca sucedieron..."

Pero bueno, habrá que hacerlo compatible con algún tipo de aprendizaje que nos enseñe a manejar mejor los inevitables sinsabores de la vida.

Un beso

Carlos Ignacio dijo...

Un abrazo, Mery Larrinua

Carlos Ignacio dijo...

Ese es el quid de la cuestión, CORAZÓN VERDE, no dejar que el sufrimiento aumente de manera absurda.

Muchas de las cosas que pensamos, hacemos y nos hacemos los unos a los otros no hacen más que incrementar un sufrimiento gratuito, superfluo y evitable.

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