martes, 2 de septiembre de 2014
Reflexiónes antes del despertar
Una buena reflexión es la de reconocer que ninguna situación es completamente satisfactoria, es lo propio del mundo de las formas y objetos que van sucediéndose en el espacio de la consciencia.
Dirigir la atención al espacio informe de la consciencia es dirigir la atención a lo único que nos puede dar satisfacción, pero para ello primero hay que aceptar cada situación, con sus necesarias imperfecciones, tal cual se presenta, tal cual es, incluyendo el estado mental, con sus pensamientos, emociones, sensaciones corporales y acontecimientos externos, incluyendo a las personas, siempre con sus limitaciones que se oponen a nuestras pretensiones de satisfacción; y aqui nos incluimos a "nosotros mismos", el pequeño yo, ese pequeño napoleón que lo quiere saber todo y estar bien en todo momento, y si no lo consigue, engorda con su queja, juicio y condenación del presente, ¡con lo que termina condenándose a sí mismo!
Otra reflexión es la de considerar el poder del tirón gravitacional de la tendencia a la disociación cuando el estrés es grande, cuando algún ego está haciendo de las suyas, cuando los traumas se actualizan...
lunes, 1 de septiembre de 2014
La tres fases del proceso de despertar
En la primera fase, la consciencia está casi completamente absorbida por el pensamiento; es el estado normal en el que el ego determina la mayor parte del comportamiento.
La segunda fase sería aquella en la que se experimenta la diferencia entre la consciencia y el pensamiento. En esta fase se va alimentando la consciencia o testigo de la mente.
Habría una tercera fase en la que el pensamiento o cualquier cosa que ocurra se disuelve en el amplio espacio de la consciencia (presencia no dual, tal y como la denomina John Welwood)
Al final del preceso se alcanza la vivencia del "Yo como experiencia", en la consciencia libre, sin contenido, no hay dolor, culpa ni miedo.
domingo, 31 de agosto de 2014
El "Yo como experiencia" no tiene límites
Parece ser que la sensación de los límites del yo tienen que ver con el ámbito en el que creemos que actúa una cierta capacidad de control, " autoimagen y auto-concepto" y todo lo que es "mío".
Es de prever que si uno no siente que tiene capacidad de control sobre su ambiente, quedará reducida su sensación del yo a los fenómenos intrapsíquicos ("Yo como objeto", ego, pequeño yo)
Por el contrario, una persona que se ve capaz de influir en su medio ambiente gozará de mayor autoestima y sus límites del yo no serán tan rígidos como en el caso anterior y sus límites se establecerán a partir de una zona que se percibe como incontrolable.
Cuando no se goza de una buena autoestima se produce una necesidad de adquirir más y más de manera insaciable. Esta es una autoestima que depende de lo que vayamos logrando y no es duradera; por eso esta necesidad es insaciable.
Normalmente consideramos que "lo externo" es toda esa parte del Universo que percibimos como algo que no tenemos forma de controlar y la sentimos, por lo tanto, como amenazante.
El crecimiento en presencia sería un proceso a través del cual vamos incorporando a la sensación del yo un espacio cada vez mayor de Universo.
Al fin y al cabo, el Universo está ahí porque lo percibimos con nuestros sentidos y es la consciencia la que lo engloba en su totalidad, tanto las partes que creemos que controlamos como las que no.
Amar es sentir la unidad con todo (controlable e incontrolable). La identidad con todo, continente (consciencia) y contenido (el mundo siempre cambiante, deficitario, desafiante e insatisfactorio de los objetos)
Cuando uno se rinde al presente, de alguna forma quiere decir que se deja controlar, o que deja que sea el Universo quien controle su mente, y así puede identificarse con la totalidad, abarcando esa parte del Universo que no controla.
Su identidad queda expandida a todo el Universo.
sábado, 30 de agosto de 2014
¿A qué hemos venido?
El pequeño yo ("Yo como objeto") está diciendo casi constantemente: "no", al gran yo ("Yo como experiencia"); se resiste a él y prefiere, de momento, el sufrimiento que procede de él mismo.
El pequeño yo prefiere "controlar el mundo" a su manera y detesta tener que aceptarlo tal cual es. La vida proporciona displaceres inesperados, y entre esto y lo que hemos aprendido que hacen los demás, nos evadimos y sumergimos en nuestro pequeño mundo de imaginación, fantasía, pretensiones y dolor, pero también de control del mundo interno.
Una buena autoestima proporciona mayor apertura al "pequeño yo" y le deja unos límites menos rígidos con respecto los demás, se identifica más con el mundo circundante y con la gente que se va encontrando por el camino; aumenta el ámbito que cree que puede controlar.
Es una buena autoestima lo que hace a unas personas más afortunadas que otras, no lo que hayan conseguido en la vida, como el éxito, el triunfo, riqueza, fama y todas esas cosas que tanto codiciamos pensando que son las cosas que nos podrían hacer felices o redimirnos de la auto-condena.
En cualquier caso, una buena autoestima, al final, no sería suficiente, el despertar va más allá, el despertar nos prepara para la muerte y es a eso a lo que hemos venido, a aceptar la muerte para seguir viviendo.
viernes, 29 de agosto de 2014
Interesante descubrimiento el de Gershen Kaufman Ph.D.
Autor imagen: José Luis Ceña
"La herramienta para liberar el sentimiento de vergüenza es la relocalización de la atención. A través de desviar el foco de atención, conscientemente, fuera del sentido del yo (y yo aclaro: del "pequeño yo"), por medio de un puro esfuerzo de voluntad, uno se libera inmediatamente de la vergüenza" (La Psicología de la vergüenza)
No cabe duda de que la forma en que lo plantea Kaufmann prescinde de esa visión de una presencia trancendente ante la que el "cuerpo dolor" (término creado por Eckhart Tolle para referirse al dolor acumulado del pasado) se transmuta, para describir esta útil maniobra como una simple herramienta a la que podemos recurrir cuando nuestro self se siente dolorosamente observado y criticado, sobre todo desde el subconsciente, reaccionando con culpa, vergüenza, miedo, ira, vulnerabilidad, desesperación, dolor, soledad, autodesdén etc.
Lo que aconseja Gershn Kaufmann es una desviación del foco de atención, desde el self egoico a la consciencia más amplia de la totalidad de las percepciones del momento presente.
Hay que añadir que un momento de reflexión ayuda para empezar a distanciarse de la experiencia, y llegar, de forma ideal, a una mayor identificación con la consciencia espaciosa y sin límtes y debilitar, al mismo tiempo, esa identificación con ese pequeño mundo de la autoimagen, historia personal, pensamientos y sentimientos asociados, que forman el "yo como objeto", yo ideal o ego, o lo que hemos llamado antes, el "pequeño yo", generador de todo ese autodesdén, desconfianza, y autocondena (la otra cara de la búsqueda de la gloria como lo denomina Karen Horney) que alberga el inconsciente de muchas personas.
miércoles, 27 de agosto de 2014
Lo más importante es recordar lo esencial
Es importante recordar que a la paz interior de la quietud siempre le acompaña este mundo de objetos siempre cambiante, limitado y desafiante, o sea, insatisfactorio.
A veces conectamos de una forma poco segura, algo caótica y distante con un presente del que no llegamos, de momento, a experimentar ningun alivio; es una presencia desde la falta de presencia e incluso desde un estado de rechazo del presente como puede ser la disociación, esa huida tan radical. En este punto no se busca nada, sólo un intento de acercarse al presente en mitad de esa inseguidad cuasi caótica.
Tiene razón Jon Kabat-Zinn cuando dice que estar presente no tiene por qué gustar y yo añado que si no te gusta y reaccionas con aversión o te disocias no permites que la mala sensación fluya.
Tal vez haya que contar, al final, con la capacidad limitada para recordar donde se encuentra la verdad absoluta una vez encontrada...esa dimensión desde la que todo es más soportable y desde la que no hay necesidad de apegarse a nada, ni bueno ni malo.
jueves, 21 de agosto de 2014
¿Cometió usted un error en el pasado?
Haya hecho o dicho, o dejado de hacer, lo que sea en el pasado, o en este momento, incluidos todos los errores y estupideces, deja de tener importancia cuando recobra usted la consciencia y se pone en contacto con el ser, consigo mismo, con el eterno espacio por el que se van desplegando las distintas formas del continuo presente donde reside permanentemente el "Yo como experiencia".
Lo mismo se aplica a todo aquello que le hayan podido hacer a usted con anterioridad; todo deja de existir en el momento en que su consciencia le permite ponerse en contacto con quien verdaderamente es y comprueba que su espacio se mantiene íntegro.
Para sentir ese espacio, es decir, lo que usted verdaderamente es, es condición indispensable que permita que el momento presente sea tal cual es, es decir, que acepte los fenómenos que se van presentando en el aqui y ahora, incluidos los autorreporches y emociones disfóricas que serían como nubes a las que dejamos pasar.
Esta es la única manera de que uno pueda sentir que es, en toda su profundidad, el "Yo como experiencia", su verdadera identidad, la luz que hay que encender en vez de luchar contra la oscuridad.
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