miércoles, 15 de octubre de 2014
Bullicio mental
Hay veces en que practicamente toda la consciencia está "confundida" con los fenómenos que se van presentando en la mente, fenómenos tanto del mundo exterior como del mundo interior.
En estos casos no queda espacio; el espacio está repleto de "objetos" y no hay lugar para la consciencia de la consciencia misma, la cual es el espacio, espacio, en este caso, relleno de cosas.
Durante un tiempo no somos conscientes de que esto está ocurriendo y nos hallamos prisioneros de contínuos automatismos condicionados. Nos hallamos inmersos en mitad de un bullicio mental.
Afortunadamente llega un momento, tarde o temprano, en que nos damos cuenta de que nuestra consciencia está cautiva; en ese momento, podemos aprovechar esta reflexión para liberarla.
Conviene aprovechar dicha reflexión, aún cuando se trate de una experiencia fugaz, o se haya estado en pleno bullicio mental durante mucho tiempo. Se trata simplemente de un darse cuenta.
El avance personal hacia la madurez, o hacia una mayor paz espiritual, puede consistir perfectamente en que cada vez pone uno menos de su parte para ir en la dirección del bullicio mental.
Esto último quiere decir que, cada vez que la vida te ofrece la oportunidad de elegir entre la presencia o el pensamiento improductivo, la elección se decanta siempre por una presencia capaz de disolver el dolor propio del bullicio mental.
domingo, 12 de octubre de 2014
Más allá de la vergüenza
Necesitamos darnos cuenta de nuestra propia vergüenza para empezar a disolverla, para ello es necesario exponerse a ella y aceptarla sin temor ni tristeza.
La vergüenza disminuye a la luz de las relaciones que no la generan. Tal vez la soledad sea un desierto inevitable, por un tiempo, para aquellos que se quieran liberar de antiguas relaciones tóxicas.
Es fundamental darse cuenta de que nadie es mejor ni peor que nadie. Todos somos en el fondo consciencia pura, un "yo como experiencia", un trocito de consciencia universal al que también podemos llamar "Presencia".
En cualquier caso, pongamos el nombre que pongamos a lo que somos en lo más profundo, no servirá más que para indicar el espacio en el que se desenvuelve el "yo como objeto" o Ego, y ese espacio... no se puede denominar realmente, solo se puede vivir, es el espacio donde se presenta el "yo avergonzado", es la Presencia misma que está más allá de la propia auto-imagen, incluso más allá de cualquier imagen, pensamiento, emoción, sensación o percepción.
viernes, 10 de octubre de 2014
La regresión es el precio de un progreso
La regresión se puede producir, en ocasiones, cuando se encuentra uno con un desafio, real o imaginario, que provoca miedo, ansiedad o ira. Aqui nos ocupamos del desafio que supone un progreso.
Dentro de un proceso psíquico que comporta una trayectoria o un desarrollo, se designa por regresión un retorno en sentido inverso, a partir de un punto ya alcanzado, hasta otro situado anteriormente.
En sentido formal, la regresión designa el paso a modos de expresión y de comportamiento de un nivel inferior, desde el punto de vista de la complejidad, de la estructuración y de la diferenciación (Laplanche & Pontalis)
La regresión es un mecanismo de defensa psíquico que consistente en la vuelta a un nivel anterior del desarrollo.
Se puede saber todo lo que hay que saber sobre la realización del yo verdadero, sobre la maduración, sobre lo que significa un progreso personal; sin embargo todo esto no va a eliminar las regresiones que le ponen a uno, una y otra vez, en ese estado desesperante de caos y confusión propio de la regresión, después de que el individuo experimenta un progreso real hacia su madurez personal. Un progreso es un desafio al sistema homeostático anterior y puede producir mucha ansiedad debido al conflicto interior, ese desgarro entre dos fuerzas que se oponen, el progreso y la regresión.
La ansiedad atrae la atención hacia ella, ¡y de qué manera!
Para dirigir la atención, en estas condiciones, al momento presente, para poder seguir progresando, hay que pasar por una sensación de "absurdo" al renunciar a hacer algo por eliminarla, es como permitir que esté ahi como amenazando detrás de la espalda. Esto es lo que habrá que intentar hacer, una y otra vez, cada vez que el monstruo de la regresión se quiera presentar, para poder seguir avanzando.
miércoles, 8 de octubre de 2014
Cuando el maestro ya no es necesario
El funcionamiento del Self (Yo como agente, Yo como experiencia y Ego) suele variar con respecto a la edad.
En la primera parte de la vida necesitamos maestros que nos enseñen a reflexionar y experiencias que nos faciliten la consecución de una razonable confianza en nosotros mismos. Ésta es la mejor manera de alimentar una autoestima cuando ésta es más bien negativa, o de afianzarla cuando ésta resulta ser más bien positiva.
"La autoestima es un silencioso respeto por uno mismo" (Dr. Elkins)
En la última parte de la vida es especialmente importante aprender a practicar el yo como presencia, o lo que es lo mismo, el "yo como experiencia", dejando que éste vaya surfeando por todo el proceso de envejecimiento, es decir, a través del camino hacia la extinción del "yo como objeto" o ego.
Esto es prepararse gozosamente para la muerte; esto es el despertar del sueño del mundo y de la propia historia. Uno deja de necesitar un maestro cuando empieza a buscar dentro de si, más allá de los fenómenos que se presentan ante la consciencia.
La cuestión es que, para empezar a buscar dentro de sí, uno debe de empezar a esforzarse por estar presente y esto es una experiencia anodina en un primer momento. Esto último hace que sea verdaderamente difícil darse cuenta de la importancia del procedimiento.
En realidad la persona se encuentra, en un momento determinado, dentro de un estado de cierta intensidad de ausencia o presencia, dependiendo del grado de regresión o progresión. Lo primero es valorar el estado en que se encuentra uno y después tratar de dar un pasito hacia una menor ausencia o una mayor presencia.
El maestro ya no es necesario desde el momento en que uno ha comprendido y asimilado profundamente que la presencia es la via regia hacia la liberación personal, hacia la madurez, hacia la autorrealización, y está dispuesto, por lo tanto, a practicarla hasta la muerte.
lunes, 6 de octubre de 2014
Estado mental de identificación con la experiencia inmediata
Hay que considerar que las personas nos comportamos de acuerdo con el estado mental en el que nos encontramos en cada momento.
“La Función Reflexiva se define como la capacidad para imaginar y pensar acerca
de los estados mentales, tanto en uno mismo como en los demás, al servicio de construirmodelos realistas de por qué razón tiene lugar tal comportamiento, pensamiento o
sentimiento”
(Bouchard et al., 2008)
Para empezar me parece fundamental diferenciar entre el estado mental de "presencia sin juzgar", el de "presencia distorsionante" y la "ausencia disociativa" propia de la ensoñación diurna.
Es en el estado de "presencia sin juzgar" cuando se puede percibir mejor el estado mental, tanto de uno mismo como de los demás.
Un ejemplo de distorsión de la percepción de un estado mental propia de la "presencia distorsionante" sería la tendencia a interpretar buenas o malas intenciones y sentimientos detrás de los actos, tanto en uno mismo como en el otro, de forma gratuita, o más bien, siguiendo la influencia de factores mentales internos ajenos a la situación real; estos factores pueden proceder de deseos, recuerdos etc.
Verdaderamente, permancer en estado de aceptación, goce o entusiamo en un mundo limitado, cambiante y desafiante puede resultar paradógico. Sólo la distancia con respecto a las cosas, pensamientos, recuerdos, imaginaciones, emociones, personas y situaciones pude ayudar, y esto último implica una identificación con el observador, es decir, con el "Yo como experiencia", esto es a lo que en este artículo llamamos "presencia sin juzgar", es el estado mental de identificación con la experiencia inmediata.
sábado, 4 de octubre de 2014
Recomendación para daydreamers (ensoñadores diurnos)
La cuestión no es acabar con el ego, con nuestros "pecados", sino hacer que la paz sea mayor. Ama y haz lo que quieras. No hay que luchar contra la oscuridad, hay que encender la luz. No demos tanta importancia al ego, fíjémonos en la falta de presencia y sigamos el camino de salida a la luz, a la presencia.
Lo más importante que podemos hacer, el mayor acto de control, a saber, el desvio de la atención, lo podemos hacer estando acostados en la cama, aunque, en realidad, intentar realizar ese cambio de atención en la cama es todo un desafio, porque es ahí donde se puede precipitar la ensoñación diurna.
Creo que lo sensato es evitar las situaciones que dificultan el ejercicio de la libertad del foco de atención, como las situaciones o actividades que propician la ensoñación diurna y nos alejan del presente de manera radical.
En realidad lo primero es enterarse hacia dónde es bueno dirigir la atención, después buscar las condiciones que facilitan su libertad y, por último, hacer el esfuerzo de dirigirla hacia donde es conveniente, hacia el presente, hacia lo más profundo del presente, a la atención misma.
Y lo más importante, cuando "despiertes" sonrie y deja que fluya cualquier tipo de sentimiento de culpa.
https://www.youtube.com/watch?v=4Q_z2WkSKTc
lunes, 29 de septiembre de 2014
Eckhart Tolle y la psicología humanista
Lo que vengo a decir, en mi artículo sobre la experiencia que experimentó Eckhart Tolle a los 29 años, es que a lo que renunció es a esa parte del "Yo como objeto" o ego que tiene que ver con los aspectos del superego.
Sus ansias de libertad y autenticidad quedaron intactas.
Se dió cuenta de que lo importante es el "descanso", o dicho de otra forma, que era más importante el entreacto que la obra misma; obra escrita y dirigida por el superego.
En el entreacto se manifiesta el "caos", la falta de polarización, polarización propia del guión.
Del "caos" surge la consciencia misma, la fuente de toda inspiración.
Tal vez la aportación de la psicologia humanista, con Karen Horney como precursora desde el psicoanálisis, consistió en dejar de interesarse por el superego para condecer, por su parte, un mayor reconocimiento a la libertad de la persona y a las propias directrices alojadas en su ser, o en el yo verdadero como ella lo denominaba.
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