lunes, 27 de abril de 2015

La meditación suprema

 
Mientras vivimos no solemos apreciar la percepción de nuestra presencia porque ésta no añade nada a nuestra autoimagen ilusoria, "Yo como objeto" o historia personal.

Por otro lado, la actividad mental, que es la que construye y mantiene a esa imagen ideal, tiene un poder de atracción sobre nosotros de carácter adictivo-compulsivo.

Esto último se entiende si tenemos en cuenta que la mayor parte de la imaginación suele funcionar como un mecanismo de defensa contra la angustia básica o herida primordial.

Lo trágico es que, cuando abandonamos la presencia, nos abandonamos a nosotros mismos, cambiando todo nuestro poder por la gloria que nos proporciona la imaginación.

Asi que, si queremos cambiar esta dinámica, primero es necesario reflexionar, comprender y, después, tomar la decisión de hacer que el tirón gravitacional se produzca en el sentido de la presencia; de lo que somos.

De lo contrario es posible que sea, poco antes de morir, cuando nos enteremos de quién somos de verdad.

La meditación suprema tal vez tenga lugar cuando estemos a las puertas de la muerte, porque es entonces cuando nos damos cuenta de que ya no queda tiempo para satisfacer los deseos de venganza que suelen nutrir al ego desde el inconsciente.

Sólo quedará tiempo para contemplarnos a nosotros mismos, o sea, la vida misma contemplándose a sí misma.

https://www.youtube.com/watch?v=Qne9op0VOjc

jueves, 23 de abril de 2015

La neurosis es una herida en el corazón

 
La neurosis es un estado fluido de sentimientos y emociones dolorosas, tales como la falta de confianza en sí mismo, una gran inseguridad y una vaga aprensión (miedo-ansiedad); un sentimiento de estar solo e inerme ante un mundo potenciamente hostil, abandonado e impotente (rabia-tristeza); a lo que se añadiría una falta de plenitud junto con una imagen degradada de si.

Es un estado de profunda infelicidad transitoria. Los pensamientos hostiles hacia uno mismo, por enfado reprimido, o no sentido, lo podrían convertir en una depresión.

Esta es la herida radical sobre la que se va a ir construyendo, desde la infancia, a través de deformar la realidad con la imaginación, una imagen idealizada y después un yo idealizado, que va a llevar al individuo a la búsqueda de la gloria, como compensación a una imagen degradada de sí mismo.

Todo ello es lo que va a dar lugar a una alienación de sí, propia de la neurosis.

Tal vez la mejor meditación sea la que nos pone en contacto con la herida del corazón y la envuelve.

domingo, 19 de abril de 2015

El único enemigo a quien debes temer


"Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu (si te fijas en quién eres)* no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo" (Paracelso)

* El paréntesis ha sido incluido por el autor de la entrada.

En realidad, cuando dice Paracelso, "a ti mismo", debemos entender que se refiere al funcionamiento automático de la mente, una mente que no se cansa de fabricar constantemente, a través de la imaginación, y su correspondiente parloteo interior, un personaje fantasma con el que el individuo se identifica, un personaje idealizado, que es "necesario" mantener, para alejar de la consciencia una autoimagen y un autoconcepto degradado, odiado y despreciado, generado como consecuencia de la angustia básica.

Todo este proceso require un coste muy elevado de energía, energía que al recorrer el camino espiritual se va liberando.

Recorrer el camino espiritual sería equivalente a ir aumentando el espacio interior a través del cual van discurriendo todos los fenómenos que se presentan ante la consciencia, incluidos los movimientos caóticos y oscuros de la mente, allí donde se refugia el único enemigo a quien debemos temer.

No tenemos que luchar contra él; simplemente intentaremos encender la luz de la consciencia.

jueves, 16 de abril de 2015

El yo profundo


Cuando uno se fija en el "Yo como experiencia" se pone en contacto con lo que es, antes de llegar a ser el "Yo como objeto" o autoimagen, autoconcepto e historia, ese yo social con el que nos identificamos a partir de los 2 años aproximadamente.

El "Yo como experiencia"es a lo que se ha dado en llamar el recuerdo de sí. El recuerdo de un tiempo en el que se pasaba del placer al displacer pero sin lenguaje, interpretaciones ni recuerdos; cuando se era consciencia abierta al mundo, antes de formarse una identidad social, cuando aún no se había identificado el individuo o "Yo como agente" con una figura como la que ve en el espejo.

Recuerda: "No te olvides de quién eres y todo irá bien".

viernes, 3 de abril de 2015

De la infelicidad a la depresión y de la depresión a la felicidad

 

El mundo no está diseñado para darnos satisfación consistente y permanente. Esta circunstancia nos produce infelicidad.

Estamos a merced del flujo y reflujo de la realidad representada en nosotros por el insondable "Yo como agente"; los otros "yoes", el "Yo como objeto" y el "Yo como experiencia", son mecanismos de supervivencia ante la incertidumbre de la vida.

El mecanismo de supervivencia natural sería el "Yo como experiencia", mientras que el "Yo como objeto" sería un artificio engañoso propio del ser humano.

Exigimos al mundo lo que no nos puede dar y, al comprobar que no nos da lo que esperamos, nos culpamos a nosotros mismos o reprochamos al mundo su imperfección y nos deprimimos.

Sólo cuando dejamos de exigir al mundo lo imposible, dejamos de interpretar nuestro dolor y nos abrimos a lo único real, estable y maravilloso que hay dentro de nosotros, a saber, el ser fuente y contenedor de lo que estamos presenciando, podemos sentir, al fin, el gozo y alegria de vivir.

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